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Contaminación de la atmosfera

Los astronautas vuelven de sus viajes con una nueva mentalidad que les hace sentir más respeto por la Tierra y entender mejor la necesidad de cuidarla. Desde el espacio no se ven las fronteras y, mucho menos, los intereses económicos, pero sí algunos de sus devastadores efectos, como la contaminación de la atmósfera.

El 85% del aire está cerca de la Tierra, en la troposfera, una finísima capa de sólo 15 Km. Las capas más elevadas de la atmosfera tienen poco aire, pero nos protegen de los rayos ultravioletas (capa de ozono) y de los meteoritos (ionosfera). Los gases que hemos vertido a la atmosfera han dejado la Tierra en un estado lamentable.

Las fotos que hicieron los primeros astronautas son mucho más claras que las actuales, a pesar de que ahora tenemos aparatos más sofisticados. Los humanos somos capaces de destruir en poco tiempo lo que a la naturaleza le ha costado miles de años crear.

Cada año, los países industriales generan millones de toneladas de contaminantes. Los contaminantes atmosféricos más frecuentes y más ampliamente dispersos son el monóxido de carbono, el dióxido de azufre, los óxidos de nitrógeno, el ozono, el dióxido de carbono o las partículas en suspensión.

El nivel suele expresarse en términos de concentración atmosférica (microgramos de contaminantes por metro cúbico de aire) o, en el caso de los gases, en partes por millón, es decir, el número de moléculas de contaminantes por millón de moléculas de aire.

Muchos contaminantes proceden de fuentes fácilmente identificables; el dióxido de azufre, por ejemplo, procede de las centrales energéticas que queman carbón o petróleo. Otros se forman por la acción de la luz solar sobre materiales reactivos previamente emitidos a la atmósfera (los llamados precursores). Por ejemplo, el ozono, un peligroso contaminante que forma parte del smog, se produce por la interacción de hidrocarburos y óxidos de nitrógeno bajo la influencia de la luz solar. El ozono ha producido también graves daños en las cosechas.

Por otra parte, el descubrimiento en la década de 1980 de que algunos contaminantes atmosféricos, como los clorofluorocarbonos (CFC), están produciendo una disminución de la capa de ozono protectora del planeta ha conducido a una supresión paulatina de estos productos.

La contaminación atmosférica es uno de los problemas medioambientales que se extiende con mayor rapidez ya que las corrientes atmosféricas pueden transportar el aire contaminado a todos los rincones del globo. Los gases que se liberan en la atmósfera producen efectos nocivos sobre los patrones atmosféricos y afectan a la salud de las personas, animales y plantas.

Especies en peligro: Rinoceronte Negro

Diceros bicornis

 

El rinoceronte negro (Diceros bicornis) es una de las dos especies de rinocerontes que viven en la sabana africana, junto con el rinoceronte blanco (Ceratotherium simum). Se diferencia de éste en su menor tamaño (aunque, no obstante, llega a los 1.6 metros de altura y 1,500 kilos de peso, lo que lo convierte en el cuarto mamífero más grande de África por detrás del elefante africano, el rinoceronte blanco y el hipopótamo), su color gris ligeramente más oscuro y el labio en forma de pico prensil. Esta forma se debe a que se alimenta ramoneando las hojas de arbustos y en menor medida árboles bajos, mientras que el rinoceronte blanco come hierba del suelo y tiene un labio recto y ancho.

 

¿Por qué está en peligro?

 

El fenómeno de la carga causó sensación cuando en los siglos XIX y XX, los exploradores y cazadores europeos se adentraron en África y comenzaron a matar los rinocerontes por cientos.
La caza del rinoceronte se convirtió pronto en un deporte de riesgo cada vez más demandado por las élites de los países desarrollados. Esta caza, unida a la persecución para surtir de cuernos a Oriente medio (donde todavía hoy se emplean para hacer el mango de dagas ceremoniales) y la medicina tradicional asiática, empujó irremisiblemente esta especie hacia la extinción.

Destrucción de su hábitat, caza y comercio ilegal son algunos de los factores que tienen a la mitad de las especies de primates en peligro de extinguirse, señaló en un desalentador informe la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN).De acuerdo con la organización, de las 634 clases de antropoides en el mundo, cerca del 50 por ciento están desapareciendo de la faz de la Tierra, algunos de ellos en grave proceso de extinción.“A lo largo de los años, hemos comunicado nuestra preocupación sobre la desaparición de los primates, sin embargo, ahora tenemos datos sólidos que muestran que la situación es mucho más critica de lo que nos habíamos imaginado” señaló Russell A. Mittermeier, presidente del Grupo Especialista en Primates de la Comisión de Supervivencia de Especies de la UICN y presidente de Conservación Internacional (CI).La UICN puntualizó que las mayores amenazas que enfrentan estos animales son la destrucción de hábitat —particularmente la quema y tala de los bosques tropicales que también emiten al menos el 20 por ciento de los gases de efecto invernadero causantes del cambio climático—, la caza de los mismos con fines alimenticios y el comercio ilegal de especies salvajes.“La destrucción de los bosques tropicales ha sido siempre la primera causa, pero ahora parece que la caza es una amenaza seria en algunas áreas, incluso cuando el entorno está intacto. En muchos lugares la extinción está devorando literalmente a los primates”, agregó Mittermeier.El informe publicado en días pasados durante el XXII Congreso de la Sociedad Internacional de Primatología, se realizó con base a los criterios de la “Lista Roja de Especies en Peligro” de la UICN. En ella, se encuentran más del 70 por ciento de los antropoides de Asia, “lo que significa que podrían desaparecer para siempre en un futuro cercano”, apuntó la organización.No es para menos, puesto que ejemplos como Vietnam o Camboya, donde alrededor del 90 por ciento de las especies de antropomorfos se considera en riesgo de extinción, son suficientes para encender los focos rojos.MÉXICO. El país no es la excepción ante esta alarma mundial, puesto que las tres especies de primates con las que cuenta se encuentran en algún nivel de peligro, siendo el mono araña (Ateles geoffroyi) la más vulnerable, señaló Gerardo Ceballos, especialista en conservación de la UNAM. “La especie contaba con poblaciones desde el sur de Tamaulipas hasta la selva lacandona, sin embargo, desapareció gradualmente a la par de su medio ambiente en gran parte del territorio”, agregó.Dijo, además, que la caza para la obtención de su carne así como enfermedades transmitidas por el hombre han aumentado la vulnerabilidad de este animal.De acuerdo con el investigador del Instituto de Ecología de la UNAM, la especie junto con los monos aulladores café (Alouatta palliata) y negro (Alouatta pigra) han perdido terreno debido al cambio de uso de suelo para la agricultura o la ganadería.“La forma más efectiva de combatir esta amenaza es fortaleciendo el cuidado de sus hábitats en las áreas protegidas e incluyendo en éstas territorios que cuentan con poco resguardo, como es el caso de la selva seca del estado de Oaxaca”, apuntó.Asimismo, mencionó que como otra medida de conservación podrían establecerse poblaciones de estos primates en zonas donde ya se han extinguido. “Necesitamos esfuerzos más serios y hay que recalcar que el hecho de que se encuentren en peligro no significa que estén condenados, podemos hacer mucho —todo— por salvarlos”, enfatizó. Ante la emergencia mundial en el tema, Ceballos añadió que desde hace 20 años la comunidad científica vaticinó el aumento de especies en peligro, no obstante, para entonces no se contemplaban todas las amenazas que las ponen en jaque el día de hoy, como el cambio climático y enfermedades que comprometen más su desaparición.El científico recordó que el mundo enfrenta una posible pérdida masiva de biodiversidad, tan sólo en México entre el 40 y 50 por ciento de los vertebrados están amenazados. Incluso, hoy en día, muchas especies han perdido su capacidad para mantener servicios ambientales que benefician al hombre por la preocupante disminución de sus poblaciones. “Los focos rojos están encendidos, no hay duda sobre la gravedad del problema, sin embargo, la población aún no percibe la dimensión del daño. Necesitamos esfuerzos más grandes, finalizó

Las zonas marinas muertas han experimentado un crecimiento exponencial desde los años 60, según un estudio sueco-estadounidense que revela que actualmente hay 400 zonas costeras en el mundo donde la vida marina está asfixiada por la contaminación.

Estos extensos litorales, cuyos ecosistemas acuáticos desaparecen ahogados por falta de oxígeno en el agua, “probablemente se duplicaron cada diez años desde la década de 1960”, afirman los investigadores Robert Diaz del Instituto de ciencias marinas del College of William and Mary de Virginia (este de Estados Unidos) y Rutger Rosenberg, del departamento de ecología marina de la Universidad de Gothenburg en Suecia.

Unos 245.000 km2 estarían afectados.

“La localización de estas zonas muertas corresponde a los centros donde vive una gran población y donde se vuelcan importantes cantidades de sustancias nutritivas”, explicó el estudio publicado el viernes en la revista Science.

El fenómeno, conocido como eutrofización, es provocado por la contaminación industrial y el vuelco en las aguas de los fosfatos y nitratos remanentes de los abonos.

Esta acumulación de materias orgánicas provoca primero una proliferación de algas y se descompone luego en microbios que consumen el oxígeno del agua, matando así peces, crustáceos y destruyendo el bentos, el conjunto de organismos vegetales y animales que viven en los fondos marinos.

Esta destrucción del medio ambiente marino por hipoxia (falta de oxígeno) ocurre preferentemente en las aguas calmas y poco revueltas de estuarios, fiordos y mares interiores.

En los últimos años, nuevos litorales han sido afectados, sobre todo en el mar Báltico (hoy la mayor zona muerta del mundo), el Mar Negro, el Golfo de México, el este de China y el estrecho de Kattegat, en Suecia. Los investigadores subrayan que esta contaminación pone en peligro los cultivos comerciales de peces y crustáceos cerca de las costas.

El fenómeno fue observado por primera vez en la costa adriática en los años 50. De manera estacional, afecta el norte del Golfo de México, la bahía de Chesapeake (este de Estados Unidos) y las aguas escandinavas.

Lleva años remediar la hipoxia severa de un litoral y solamente el 4% de las zonas muertas muestra actualmente señales de mejora, afirma el estudio.

De 1973 a 1990 por ejemplo, una zona muerta se extendió sobre 40.000 km2 en el litoral al noroeste del mar Negro. No obstante, la cantidad de oxígeno en el agua mejoró cuando en 1989 la ex Unión Soviética dejó de subvencionar los abonos para los agricultores. En 1995, el nivel de oxígeno era nuevamente normal.

De las 400 zonas muertas del planeta, la mitad registra el fenómeno de proliferación vegetal seguido de una desaparición del oxígeno y del medio marino una vez por año, fundamentalmente en verano, cuando el agua es más caliente.

En un cuarto del resto de los casos, la contaminación es estacional. Es “episódica” en el 17% de los casos y persiste de forma permanente en el 8% de los casos, en el Mar Báltico y en los fiordos.

El desecho de los nitratos, pero también el cambio climático, pesarán en la evolución de estas zonas muertas, estiman los investigadores, que llaman a una “gestión apropiada” de los desechos.

Los cambios en la circulación de las aguas que acompañarán el cambio climático incrementarán la estratificación y la temperatura de las aguas, condiciones propicias para generar una disminución del oxígeno y una desaparición de la fauna marina.

Soldados Rusos limpian el 13 de Noviembre de 2007 las orillas del Mar Negro

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